martes, 27 de octubre de 2015

CARTA AL SER AMADO

No consigo olvidarte, es totalmente imposible. Olvidar tu sonrisa, tu mirada y esa forma que tenías de explicar las cosas más sencillas de la vida, para que los más pequeños consiguieran entenderlas.

No es difícil recordar tus abrazos y ese viaje al lago, en el que de nuestro amor, nació el pequeño Adrián, que ahora tiene 7 años y no para de preguntarme por ti, me pregunta cómo eras y dónde estás en este momento. Mi contestación es siempre la misma, aunque dolorosa, es algo que no puedo, mejor dicho, no quiero ocultarle.

Resulta imposible no contarle el gran amor que me tenías… nos tenías, tu enorme corazón, la amabilidad con la que tratabas a todas las personas y el gran cariño que le tenías a los animales.

Le enseño fotografías tuyas, para que conozca tu cara, aunque no te haya conocido en persona. El otro día me comentó que te había visto por la calle, le dije que eso no podía ser posible, pero me contestó que sí lo era y que podía sentirte cerca de él.

Es un chico muy listo y alegre. Se parece tanto a ti, sería perfecto que estuvieses para poder disfrutar de todos estos momentos juntos, aunque sé que nos proteges allá donde estés.

Él se da cuenta de las lágrimas que derramo cada 8 de octubre, ese fatídico día en el que tuviste que irte para formar parte del grupo de ángeles que nos protegen a diario, pero después de tantos años no he podido hacerme a la idea de tu falta, aunque soy consciente de ella. Las noches son tan largas y frías…

A veces me enfado contigo, porque no estás a mi lado y porque sólo tengo recuerdos. Me enfada no poder acurrucarme contigo los días lluviosos y ver una película en el sofá, hecho de menos tus abrazos los días en los que el trabajo me supera, me entristezco y sólo puedo llorar hasta que me quedo dormida y sin hacer ruido para que Adrián no se asuste.

Pero sé que es algo que ninguno de los dos hubiese podido evitar, sigo conservando la fotografía de nuestro primer día juntos. Mientras escribo esta carta la estoy mirando y sólo puedo darte las gracias.

Gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo todos los días que estuviste a mi lado, incluso cuando discutíamos por tonterías y gracias por este niño tan maravilloso que me has dado, es un auténtico reflejo tuyo.

 ¡GRACIAS!

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